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PROTOCOLO SOCIAL. NORMAS DE CONVIVENCIA QUE NO DEBEMOS OLVIDAR PDF Imprimir E-mail

 

Todos hemos organizado alguna vez una cena familiar, una fiesta de cumpleaños o nuestra propia boda y hemos procurado tener todo bien atado, cuidando minuciosamente los detalles, tratando de ser el mejor anfitrión. Sin embargo, el protocolo es una rama muy ardua de las relaciones públicas que implica estar expuesto ante el público que nos observa, un trabajo que necesita esfuerzo, paciencia y, ante todo, cuidar la imagen que tratamos de transmitir ya que, si fallamos, nuestra reputación puede verse gravemente afectada. Si nuestro acto organizado tiene éxito, conseguiremos importantes beneficios con respecto a nuestra inversión e imagen, incluso lograremos ser recordados y ser tema de conversación durante un largo periodo de tiempo.

Como ya indicamos en nuestro anterior artículo, el protocolo se aplica en el ámbito público: audiencias en la Casa Real, recepciones en presidencia de Gobierno, entrega de despachos a nuevos oficiales del Ejército, en firmas de convenios empresariales, en actos organizados en las distintas regiones, provincias y comunidades, etc.; pero también debe aplicarse en el ámbito privado, en nuestra vida de relación: saludar, ser puntuales, mantener una buena posición en la mesa, dar las gracias, pedir las cosas amablemente y despedirse son maneras de comportarse adecuadamente, es decir, las antiguamente llamadas reglas de urbanidad. Hoy en día, observamos cómo han cambiado las cosas y cómo se están perdiendo los buenos modales y la educación, fundamentales para vivir en armonía. Por ello, veo necesario recordar algunas normas básicas, ya que muchas veces no sabemos cómo actuar en un acontecimiento social, con directivos o con reconocidas personalidades y esto puede hacernos sentir incómodos a lo largo del acto. Estas normas son completamente diferentes para hombres y mujeres.

En primer lugar, el saludo. Entre hombres, el apretón de manos establece la primera impresión. No debe de ser demasiado fuerte ni tampoco demasiado ligero. Simplemente, un apretón de manos breve y con la energía adecuada. En el caso de los besos, se prohíbe aquellos que son excesivamente sonoros y húmedos. En cuanto a expresiones, jamás se debe decir “buen provecho” ni tampoco hacer uso de palabras malsonantes. Es fundamental cuidar nuestro vocabulario y utilizar, más de lo que se hace ahora, el usted.

A las autoridades siempre hay que tratarlas con un profundo respeto y dirigirse a ellas hablándoles de usted, sin excepciones, tengan la edad que tengan. Si no queremos parecer unos ordinarios, están totalmente prohibidas manías como el dedo meñique levantado al tomar café, masticar chicle y quitar los restos de comida entre los dientes con un palillo. Un exceso de perfume puede ser muy molesto e, incluso, puede llegar a marear a quienes nos rodean. Tampoco debemos recargarnos con muchas joyas, si no queremos parecer un árbol de Navidad.

Profundizando más en el aspecto de los buenos modales, el hombre debe dejar pasar a la mujer primero, abriéndole la puerta y sujetándola. Ser puntuales y no hacer esperar a nadie es sustancial y de vital cortesía. Sólo se consiente a la novia en su boda que se retrase un máximo de media hora.

Finalmente, en la mesa hemos de respetar un conjunto de normas básicas: las servilletas sólo se utilizarán antes y después de beber. El vino se sirve, primero, al hombre que ocupa el puesto principal en la mesa, para que lo cate. Después de su aprobación, se servirá al resto de los comensales. Y, para concluir, ningún caballero se debe quitar la chaqueta mientras come o cena. Por último, algo que no debemos olvidar: las señoras podrán permanecer con sus sombreros o tocados durante todo el tiempo, en la mesa, en un concierto, en cualquier espacio, cerrado o al aire libre.

Leticia Pinilla Lóbez

 

Alumna del Grado de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad San Jorge